CAPÍTULO 3; Una historia en Skype

Entra en casa. ¿Estará conectado? Mira el reloj. Lo duda. Le dijo que esa tarde iba a estar ocupado. Y saber que se han conocido por internet y por un libro. ¿Por qué no puede estar con él? Se le hace imposible no poder decirle lo que siente porque él está con otra... ¿Por qué se ha tenido que enamorar de un escritor que ya está escribiendo una historia? Se sienta delante del ordenador. Por probar no pierde nada. La chica revisa su teléfono. Tiene un WhatsApps de él. Lo lee y sonríe.

Aún estoy aquí en el cine. Cuando esté en casa, que será dentro de treinta minutos, te aviso y nos ponemos a Skype si quieres. 

Rápidamente le responde. Aunque sólo aspira a una amistad con él esos mensajes le llenan de felicidad, aunque sabe que podrían llenarles aún más si esa amistad cruzara la línea de algo más. Pone música... Amaya Montero, Palabras. Sólo quedan en eso, en Palabras. Con el pie sigue el ritmo de la canción. Un mensaje de él le devuelve a la realidad. ¡Ya está en casa! Inicia su sesión en Skype. Inmediatamente le lleva una solicitud en forma de videollamada. Es él.

- ¡Hola, Escritor! -exclama, visiblemente alegres 
- Hola, Bloguera -y le guiña un ojo con una sonrisa maravillosa -¿Qué tal ha ido la tarde? 
- Muy bien... ¿Y a tí?
- Fenomenal, he ido a ver El Club De Los Incomprendidos. Te recomiendo que la veas.
- La veré 

Y sonríe. Le encanta hablar con él de cine, de música, de libros, de cultura.

- ¿Y tienes pensado ya qué vas a escribir mañana?
- Lo que surja. Me dejo llevar por los personajes... Pero estoy seguro de que será algo sorprendente. O espero que lo sea.
- Pues en ese caso te deseo buena suerte
- Gracias, pero en esto no hay que tener suerte, 
- Bueno, tal vez, un poco ¿No?
- La suerte es para los que no creen en el trabajo.

Le deja sin palabras. ¿Cómo puede tener esa capacidad de lenguaje? ¿De oratoria? Le sorprende. Cada día lo hace aunque por dentro de muere de frío. 

- Bueno, ¿Y qué haces ahora?
- Hablo contigo, y pienso en lo que voy a escribir ahora....
- ¿Escribes ahora, por la noche?
- Cualquier momento es bueno para escribir

Y sonríe. Aunque le sorprenda que escriba por la noche esa sonrisa la cautiva, la enamora. Aunque tarde o temprano tendrá que aceptar la dura realidad. Tendrá que aprovechar cada momento que le brinde, cada instante que le regale. Es duro amar a alguien que ya está enamorado de otra persona. Los ojos verdes del chico recorren su habitación, le sabe mal ocultar a su novia lo que realiza por las noches, hoy le ha vuelto a mentir, le dijo que iba a dormir en cuánto llegara a casa. ¿Y si le descubriera conectado en Skype? ¿Qué excusa le pondría? Tiene que dejar de mentir, está en un peligroso círculo vicioso como si fuera una pescadilla que se muerde la cola. 

- Sara, tengo que irme, estoy cansado, y quiero escribir un poco antes de irme a dormir, ¿Vale? Mañana nos vemos en la cafetería 
- Vale, descansa escritor. Mañana nos vemos. Un beso
- Igualmente. Un beso.

Se despide y sale del Skype. Es mejor eso a que le pille. Suspira. Abre un documento Word y lee lo que lleva escrito de su nuevo libro. Va por el octavo capítulo, el mejor hasta ahora. Tiene dos personajes centrales, Alicia y Alan, un francés del que daba mucho de qué hablar. Enciende la radio. Pablo Alboran suena por los altavoces de su ordenador. Y empieza a teclear las teclas, deja que su imaginación llegue hasta donde aún no se ha descubierto, le gusta entrar dentro de la historia, formar parte de sus personajes, de lo que ocurre, y de lo que cada uno siente en cada momento de la novela.  

"Y la miré, era guapa, más Monique. Mis ojos se perfilaron en sus pantalones, ajustados, marcando su adolescencia, una adolescencia inocente, juvenil. Suspiré. No quise encontrarme con sus ojos, me daba reparo ver que me había estado espiando mientras yo la revisaba de arriba abajo.... Aparté rápidamente la mirada y luché por encontrar las llaves en mis bolsillos. Pero los nervios vencían en ese momento..."

Miró por la ventana. La inspiración le llega. Y eso es lo que tiene que pasar, cuando tienes las ideas claras, seguir escribiendo. Aunque ahora mismo lo que desearía es poder dormir junto a su novia, no engañarla, y serle sincero, pero por el momento tiene que intentar que no le pille, y en el amor es verdadero cuando no existen terceras personas. 

CAPITULO 2; Una técnica para el amor

La sala del cine se va apagando. Continúan algunos pequeños murmullos de conversaciones que se van apagando conforme los anuncios progresan por la gran pantalla. Las luces de la sala se apagan definitivamente al igual que los murmullos que han estado acompañando a los anuncios. Comienza la película. Los créditos iniciales comienzan a salir en la pantalla. El grupo de seis ve como se inicia El Club De Los Incomprendidos. Álex toma de la mano a Rocío, y esta, apoya su cabeza en el hombro del chico. Marta, sigue comiendo palomitas del mismo bote que Miki y María no para de observar por el rabillo del ojo a David, ese sevillano que ha puesto patas arriba su vida. La película progresa con los besos de Álex y Rocío, con el ruido de Marta al masticar las palomitas, con los comentarios de Miki, y con el incesante cruce de miradas entre María y David. La película parece estar acabando. Sí, eso parece. Los jóvenes sonríen ante el asombroso final de la película que han ido a ver. Se encienden las luces y se ponen de pie. Marta, repleta de palomitas, trata de desprenderse de las que se han quedado en su camisa azul celeste, con la ayuda de Miki, logran limpiar los restos de palomitas. 

- Te apuesto a lo que sea a que Miki se lleva a Marta -responde, susurrando Álex 
- ¿Por qué lo piensas?
- Mira en la forma en la que la trata, y la reacción de Marta... ¿Crees que están bromeando? Para nada, es un juego, el juego de miradas, de comentarios, de susurros...
- ¿Y tú como lo sabes?
- Soy más observador de lo que crees, y más listo de lo que imaginas...
- ¿Te lo ha dicho cuando venías para acá verdad?

El chico sonríe y le da un beso en los labios como premio. Se dan de la mano y conversan mientras el resto del grupo sale de la sala del cine. Ya es de noche. Las tardes duran menos. Hace un poco de frío. 

- ¿No me vas a contar qué es lo que te ha dicho Miki cuándo venías para el cine?
- Podría...
- ¿Quieres que te pague?
- No estaría mal...

Le encanta esos juegos que se inventa, y le da su premio. Quiere que le cuente lo que han hablado cuando venían de camino a ver la película. Aún así hay cosas que es mejor ocultar, al menos, por el momento. 

Hace un par de horas en un punto de la ciudad.

- ¡Venga que llegamos tarde! -Álex está esperando a que Miki y David terminen de jugar aquel partido de FIFA -Estas nos matan...
- Tío, tranquilízate, si cuando más nos echen de menos, mejor... -es lo que dice muchas veces Miki algo que Álex está totalmente en desacuerdo. 
- Pues a mí me gusta llegar puntual a los sitios... Si en tres minutos no estáis, me voy en coche y vosotros os cogéis el autobús....

Sabe que el chantaje funciona con ellos, y más, si no pueden disfrutar de lo que el mercedes de Álex les ofrece. Su padre, presidente de unas de las empresas más fuertes en España, le había regalado hace un par de semanas aquel Mercedes para su disposición, tanto para salir con los amigos, como para ir a la universidad. A sus veinte años, Álex, ya había publicado una novela y estaba entre los mejores escritores de España. Miki y David terminan el partido y cogen sus cazadoras y salen de la casa de este último. Salen al rellano y esperan a que el ascensor estuviera en la planta. 

- Esta noche toca -suelta Miki
- ¿A quién esta vez? -pregunta David en su acento andaluz.
- A Marta...
- ¡A Marta! -no preguntan, solo afirman, los dos amigos.
- Sí, habéis oído bien, a Marta, ya es hora de probar cosas nuevas...
- ¿Qué pasa, que Guilia no te llena?
- ¿Qué si me llena? ¡Vaya que sí! Pero en el amor no sirve que te quedes con una, tienes que explorar otras opciones. Es como un entrenador de fútbol. Y por eso hay que saber qué ofertas tienes y cuál es la mejor.

Álex suspira al oír a su amigo comparar el amor con un entrenador de fútbol. Por más que lo intente no cambiará su idea, él ya encontró a la chica que le hace ser feliz, que se siente afortunado por tener a Rocío a su lado, y es que si no hubiera aparecido aquel día de Agosto, su vida sería ahora muy distinta a como lo es ahora. Salen a la calle. El Mercedes de Álex está a una calle de la casa de David. Se detienen en un semáforo. El propietario del coche mira el reloj. Las tres y media. No llegan. O si llegan, llegarán tarde, como siempre ocurre cuando sale con Miki y con David. ¿Cuándo aprenderán a ser puntuales? Tal vez nunca. Suben al coche y encienden la radio. En ese momento suena una canción de Henry Mendez. El Tiburón. Álex enciende el motor y se coloca el cinturón. Mira por el retrovisor, no viene ninguno, sale y llega al semáforo. 

- Bueno, Miki, y cuéntanos, ¿Cuales van a ser tus dotes de seducción con Marta? -pregunta David
- Lo primero es encontrar fácil a tu presa...
- Nunca pensé que una chica iba a ser tu presa...
- En estos casos sí... Una vez que has fijado tu punto de ataque, tienes que acercarte, mirarla a los ojos, decirle cuatro tonterías de varios autores que les chiflan, y cuando las cazas...¡Zaaas! Puedes susurrarles al oído... Técnica de origen casero....

David y Álex se ríen ante el comentario de Miki. 

- ¿Crees que llegará a funcionar ese, origen casero? -pregunta David
- Es infalible, nunca falla...
- Hasta que llegue el día en el que lo haga y cambiarás de estilo...
- Esto no es como la natación...
- Ah, yo pensé que sí

Los tres ríen. Son amigos, más que eso, hermanos de distinta sangre, pero a fin de cuentas, hermanos. Llegan hasta la carretera del polígono. Son menos cuarto. Les da tiempo. Y Álex que se empezaba a preocupar. Aparcan y se bajan del coche. Miki, David y Álex llegan a la planta de arriba. Son los primeros en llegar. ¿Y las chicas? Ahí llegan. El chico vigila a Miki, ve como empieza la caza. Y es que aunque le cueste admitirlo sabe que en el amor  sólo ganan los fuertes. 

CAPÍTULO 1; Una película de cine

Caramelo de Pablo Alboran suena por el centro comercial. Era viernes, un viernes de Diciembre, en las puertas de las vacaciones de Navidad. Eran muchos los que aprovechaban para adquirir las últimas novedades en prendas de invierno. Abrigos, cazadoras, pantalones que les pudiera abrigar, cualquier cosa para combatir con el inminente frío que estaba asolando la ciudad y que seguiría asolando hasta el último día del invierno. Y no faltaban los grupos de adolescentes que iban en masa, bromeando, riendo, siendo cómplices de la adolescencia. Tres chicas, las tres muy diferentes entre sí, están en Stradivarius. Montones de ropa se amontonan en cada percha y en cada estantería del local. Ropa, zapatos, todo un sinfín de texturas para la piel, interior e exterior, según las etiqueta a oferta. Abandonan el establecimiento. Están cargadas con bolsas de diferentes comercios, Punto y Roma, Blanco, Zara, aquellas rebajas las estaban disfrutando. Las tres bromeaban, comentaban, disfrutaban de su tiempo libre, un tiempo libre bien aprovechado. María, bajita pero atlética, estaba comentando lo guapo que iban algunos adolescentes, Marta, la más divertida del grupo, colaboraba y daba su punto de vista a las opiniones que estaba haciendo María, la que era más tranquila, y no daba ninguna opinión era Rocío. Ella había encontrado a su chico. Hace ocho meses, en su cumpleaños... Álex. Ese joven escritor que había publicado una novela y que estaba dando sus primeros pasos. Sonríe. Le encanta. Suben a la segunda planta. Comerán algo antes de ir con los chicos al cine. La película escogida, El Club De Los Incomprendidos. La película basada en la novela de Blue Jeans, ¡Buenos Días Princesa! Deciden comer en el Ñam ñam. Cuando terminan de ser atendidas por una chica joven se sientan en una de las mesas más apartadas del pasillo central. Dejan las bolsas en una de las sillas libres y comentan el día, lo que harán a partir de ese día. 

- Estoy muerta... Me duelen los pies -comenta Rocío mientras se sienta 
- Pues ya somos dos -responde Marta recogiéndose el pelo en una coleta de caballo.
- ¡No aguantáis nada! No me sorprende que nadie os diga de salir si os cansáis a lo más mínimo -
- Eh, que mi novio no se queja -increpa Rocío bromeando

Marta, que esperaba el momento adecuado de que apareciera alguien que la quisiera, bebe un poco de su Coca-Cola. María empieza a comer mientras revisa su móvil. Ningún mensaje. Rocío, lentamente, va saboreando su trozo de Pizza Margarita. Durante un rato no hablan, solo disfrutan de la comida, mirando de aquí para allá, observando, viviendo el momento, como esa expresión que dice mucho su profesor de Latín, Carpe Diem. Puede que la vida sea eso, aprovecha el momento. Y es que muchas veces han decidido que quieren ser como Peter Pan, porque no quieren crecer, no quieren dejar de soñar. Rocío es la primera en acabar, Marta y María aún les quedan, siempre han sido lentas a la hora de las comidas. La chica mira el reloj. Las tres y diecisiete. A las cuatro han quedado con los chicos en la puerta del cine. 

- ¿Qué creéis que pensarán los chicos cuando vean la película? -pregunta Marta
- Pues no sé... Supongo que será otra de las muchas películas que hayan visto -responde Rocío -Lo de siempre, ven una película, sea cuál sea esta, y a los pocos días se les olvida de qué va, y el título de la película que han visto. 

Las tres comentan el comportamiento de algunos chicos, comparando, definiendo cuales son sus tipos y por qué. En ese momento, por uno de los altavoces del recinto comercial, reconocen las notas de Caricias En Tu Espalda de Despistaos. Es una versión diferente. Es una interpretación en Acústico. 

- Esta canción me encanta -afirma María
- ¿No es la que pusieron Blue y Ester en el programa de Mil Maneras De Tuitear Te Quiero
- ¡Es verdad! Ahora que lo dices, ¿No fue la canción que le dedicó aquel joven escritor de Cartagena a su novia?
- Sí, tienes razón... Cuando escuche esa dedicatoria me alegré un montón por aquella chica. Parejas como aquellas quedan pocas -admite Marta
- Lo malo es que a veces no se valoran los sentimientos -responde María invitando a la reflexión.
- ¿Por qué lo dices? -quieren saber Marta y Rocío a la vez.
- Bueno, a veces, hacemos todo lo posible para que ese chico esté con nosotras ¿No? -las dos amigas asienten con la cabeza -Bueno, pues llega un día en el que ya lo tenemos, incluso él nos dice que también nos quiere, pero cuidado, últimamente todo el mundo dice te quiero muy fácilmente, así que, si te mira a los ojos, y te dice, que te quiere, hay que valorarlo, porque a veces, pensamos que ellos van a estar ahí para siempre, van a estar levantándonos, sacándonos las sonrisas que necesitamos. Nos ven como si fuéramos la tía más buena de todo el universo, lo hacen todo por nosotras, y nosotras, a veces pasamos, o decimos que son pesados, y no nos damos cuenta de la suerte que tenemos porque ellos pueden estar con otras pero están con nosotras. Hay que saber valorar todo los detalles que nos hacen, chicas, si no, después lo lamentaremos más tarde como me ha pasado muchas veces a mí. 

Rocío y Marta reflexionan sobre lo que les había dicho María. La verdad es que tenía razón. Miran la hora. Las cuatro menos cuarto. Es hora de ir al encuentro de los chicos que estarán al venir. Cojen las bolsas. 

- ¿Y  por qué no las dejamos en la tienda de mi madre y después pasamos a por ellas? -propone María -está en la primera planta al lado de la Casa del libro
- Por mí bien -responde Marta 
- Por mí, también -responde Rocío

Las tres bajan a la primera planta por las escaleras mecánicas. Llegan a una pequeña tienda de maquillaje. Sólo hay dos empleadas, la madre de María que se acerca hasta ellas, y otra joven empleada que acaba de entrar. 

- ¿Qué tal la mañana? -pregunta Maca -¿Habéis comprado mucho?
- Bastante...Oye Mamá ¿Podrías guardarnos las bolsas? Después pasamos a por ellas antes de bajarnos a Cartagena a cenar...
- No te recojas muy tarde eh
- No mamá 
- Que os divirtáis
- Sí

Y salen hacia los cines del espacio mediterráneo para disfrutar de una sesión de película con los chicos. Y es que por mucho que lo intenten la vida no es como una película de cine, pues la realidad es la mejor película que pueda existir. Y esa tarde lo iban a comprobar

SINOPSIS

María, Marta, Rocío, Álex, Miki y David, vivirán unas navidades muy especiales. Tras ver "El Club De Los Incomprendidos" el grupo de seis amigos vivirán unas navidades llenas de imposibles para algunos y posibles para otros. Unas navidades de sentimientos, de canciones y de grandes recuerdos para que lo imposible se convierta en posible. Cartagena como testigo, y los amigos como verdaderos protagonistas, se verán envueltos en mil canciones que harán sus navidades al son de canciones de imposibles.