Entra en casa. ¿Estará conectado? Mira el reloj. Lo duda. Le dijo que esa tarde iba a estar ocupado. Y saber que se han conocido por internet y por un libro. ¿Por qué no puede estar con él? Se le hace imposible no poder decirle lo que siente porque él está con otra... ¿Por qué se ha tenido que enamorar de un escritor que ya está escribiendo una historia? Se sienta delante del ordenador. Por probar no pierde nada. La chica revisa su teléfono. Tiene un WhatsApps de él. Lo lee y sonríe.
Aún estoy aquí en el cine. Cuando esté en casa, que será dentro de treinta minutos, te aviso y nos ponemos a Skype si quieres.
Rápidamente le responde. Aunque sólo aspira a una amistad con él esos mensajes le llenan de felicidad, aunque sabe que podrían llenarles aún más si esa amistad cruzara la línea de algo más. Pone música... Amaya Montero, Palabras. Sólo quedan en eso, en Palabras. Con el pie sigue el ritmo de la canción. Un mensaje de él le devuelve a la realidad. ¡Ya está en casa! Inicia su sesión en Skype. Inmediatamente le lleva una solicitud en forma de videollamada. Es él.
- ¡Hola, Escritor! -exclama, visiblemente alegres
- Hola, Bloguera -y le guiña un ojo con una sonrisa maravillosa -¿Qué tal ha ido la tarde?
- Muy bien... ¿Y a tí?
- Fenomenal, he ido a ver El Club De Los Incomprendidos. Te recomiendo que la veas.
- La veré
Y sonríe. Le encanta hablar con él de cine, de música, de libros, de cultura.
- ¿Y tienes pensado ya qué vas a escribir mañana?
- Lo que surja. Me dejo llevar por los personajes... Pero estoy seguro de que será algo sorprendente. O espero que lo sea.
- Pues en ese caso te deseo buena suerte
- Gracias, pero en esto no hay que tener suerte,
- Bueno, tal vez, un poco ¿No?
- La suerte es para los que no creen en el trabajo.
Le deja sin palabras. ¿Cómo puede tener esa capacidad de lenguaje? ¿De oratoria? Le sorprende. Cada día lo hace aunque por dentro de muere de frío.
- Bueno, ¿Y qué haces ahora?
- Hablo contigo, y pienso en lo que voy a escribir ahora....
- ¿Escribes ahora, por la noche?
- Cualquier momento es bueno para escribir
Y sonríe. Aunque le sorprenda que escriba por la noche esa sonrisa la cautiva, la enamora. Aunque tarde o temprano tendrá que aceptar la dura realidad. Tendrá que aprovechar cada momento que le brinde, cada instante que le regale. Es duro amar a alguien que ya está enamorado de otra persona. Los ojos verdes del chico recorren su habitación, le sabe mal ocultar a su novia lo que realiza por las noches, hoy le ha vuelto a mentir, le dijo que iba a dormir en cuánto llegara a casa. ¿Y si le descubriera conectado en Skype? ¿Qué excusa le pondría? Tiene que dejar de mentir, está en un peligroso círculo vicioso como si fuera una pescadilla que se muerde la cola.
- Sara, tengo que irme, estoy cansado, y quiero escribir un poco antes de irme a dormir, ¿Vale? Mañana nos vemos en la cafetería
- Vale, descansa escritor. Mañana nos vemos. Un beso
- Igualmente. Un beso.
Se despide y sale del Skype. Es mejor eso a que le pille. Suspira. Abre un documento Word y lee lo que lleva escrito de su nuevo libro. Va por el octavo capítulo, el mejor hasta ahora. Tiene dos personajes centrales, Alicia y Alan, un francés del que daba mucho de qué hablar. Enciende la radio. Pablo Alboran suena por los altavoces de su ordenador. Y empieza a teclear las teclas, deja que su imaginación llegue hasta donde aún no se ha descubierto, le gusta entrar dentro de la historia, formar parte de sus personajes, de lo que ocurre, y de lo que cada uno siente en cada momento de la novela.
"Y la miré, era guapa, más Monique. Mis ojos se perfilaron en sus pantalones, ajustados, marcando su adolescencia, una adolescencia inocente, juvenil. Suspiré. No quise encontrarme con sus ojos, me daba reparo ver que me había estado espiando mientras yo la revisaba de arriba abajo.... Aparté rápidamente la mirada y luché por encontrar las llaves en mis bolsillos. Pero los nervios vencían en ese momento..."
Miró por la ventana. La inspiración le llega. Y eso es lo que tiene que pasar, cuando tienes las ideas claras, seguir escribiendo. Aunque ahora mismo lo que desearía es poder dormir junto a su novia, no engañarla, y serle sincero, pero por el momento tiene que intentar que no le pille, y en el amor es verdadero cuando no existen terceras personas.
- Pues en ese caso te deseo buena suerte
- Gracias, pero en esto no hay que tener suerte,
- Bueno, tal vez, un poco ¿No?
- La suerte es para los que no creen en el trabajo.
Le deja sin palabras. ¿Cómo puede tener esa capacidad de lenguaje? ¿De oratoria? Le sorprende. Cada día lo hace aunque por dentro de muere de frío.
- Bueno, ¿Y qué haces ahora?
- Hablo contigo, y pienso en lo que voy a escribir ahora....
- ¿Escribes ahora, por la noche?
- Cualquier momento es bueno para escribir
Y sonríe. Aunque le sorprenda que escriba por la noche esa sonrisa la cautiva, la enamora. Aunque tarde o temprano tendrá que aceptar la dura realidad. Tendrá que aprovechar cada momento que le brinde, cada instante que le regale. Es duro amar a alguien que ya está enamorado de otra persona. Los ojos verdes del chico recorren su habitación, le sabe mal ocultar a su novia lo que realiza por las noches, hoy le ha vuelto a mentir, le dijo que iba a dormir en cuánto llegara a casa. ¿Y si le descubriera conectado en Skype? ¿Qué excusa le pondría? Tiene que dejar de mentir, está en un peligroso círculo vicioso como si fuera una pescadilla que se muerde la cola.
- Sara, tengo que irme, estoy cansado, y quiero escribir un poco antes de irme a dormir, ¿Vale? Mañana nos vemos en la cafetería
- Vale, descansa escritor. Mañana nos vemos. Un beso
- Igualmente. Un beso.
Se despide y sale del Skype. Es mejor eso a que le pille. Suspira. Abre un documento Word y lee lo que lleva escrito de su nuevo libro. Va por el octavo capítulo, el mejor hasta ahora. Tiene dos personajes centrales, Alicia y Alan, un francés del que daba mucho de qué hablar. Enciende la radio. Pablo Alboran suena por los altavoces de su ordenador. Y empieza a teclear las teclas, deja que su imaginación llegue hasta donde aún no se ha descubierto, le gusta entrar dentro de la historia, formar parte de sus personajes, de lo que ocurre, y de lo que cada uno siente en cada momento de la novela.
"Y la miré, era guapa, más Monique. Mis ojos se perfilaron en sus pantalones, ajustados, marcando su adolescencia, una adolescencia inocente, juvenil. Suspiré. No quise encontrarme con sus ojos, me daba reparo ver que me había estado espiando mientras yo la revisaba de arriba abajo.... Aparté rápidamente la mirada y luché por encontrar las llaves en mis bolsillos. Pero los nervios vencían en ese momento..."
Miró por la ventana. La inspiración le llega. Y eso es lo que tiene que pasar, cuando tienes las ideas claras, seguir escribiendo. Aunque ahora mismo lo que desearía es poder dormir junto a su novia, no engañarla, y serle sincero, pero por el momento tiene que intentar que no le pille, y en el amor es verdadero cuando no existen terceras personas.
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