CAPITULO 2; Una técnica para el amor

La sala del cine se va apagando. Continúan algunos pequeños murmullos de conversaciones que se van apagando conforme los anuncios progresan por la gran pantalla. Las luces de la sala se apagan definitivamente al igual que los murmullos que han estado acompañando a los anuncios. Comienza la película. Los créditos iniciales comienzan a salir en la pantalla. El grupo de seis ve como se inicia El Club De Los Incomprendidos. Álex toma de la mano a Rocío, y esta, apoya su cabeza en el hombro del chico. Marta, sigue comiendo palomitas del mismo bote que Miki y María no para de observar por el rabillo del ojo a David, ese sevillano que ha puesto patas arriba su vida. La película progresa con los besos de Álex y Rocío, con el ruido de Marta al masticar las palomitas, con los comentarios de Miki, y con el incesante cruce de miradas entre María y David. La película parece estar acabando. Sí, eso parece. Los jóvenes sonríen ante el asombroso final de la película que han ido a ver. Se encienden las luces y se ponen de pie. Marta, repleta de palomitas, trata de desprenderse de las que se han quedado en su camisa azul celeste, con la ayuda de Miki, logran limpiar los restos de palomitas. 

- Te apuesto a lo que sea a que Miki se lleva a Marta -responde, susurrando Álex 
- ¿Por qué lo piensas?
- Mira en la forma en la que la trata, y la reacción de Marta... ¿Crees que están bromeando? Para nada, es un juego, el juego de miradas, de comentarios, de susurros...
- ¿Y tú como lo sabes?
- Soy más observador de lo que crees, y más listo de lo que imaginas...
- ¿Te lo ha dicho cuando venías para acá verdad?

El chico sonríe y le da un beso en los labios como premio. Se dan de la mano y conversan mientras el resto del grupo sale de la sala del cine. Ya es de noche. Las tardes duran menos. Hace un poco de frío. 

- ¿No me vas a contar qué es lo que te ha dicho Miki cuándo venías para el cine?
- Podría...
- ¿Quieres que te pague?
- No estaría mal...

Le encanta esos juegos que se inventa, y le da su premio. Quiere que le cuente lo que han hablado cuando venían de camino a ver la película. Aún así hay cosas que es mejor ocultar, al menos, por el momento. 

Hace un par de horas en un punto de la ciudad.

- ¡Venga que llegamos tarde! -Álex está esperando a que Miki y David terminen de jugar aquel partido de FIFA -Estas nos matan...
- Tío, tranquilízate, si cuando más nos echen de menos, mejor... -es lo que dice muchas veces Miki algo que Álex está totalmente en desacuerdo. 
- Pues a mí me gusta llegar puntual a los sitios... Si en tres minutos no estáis, me voy en coche y vosotros os cogéis el autobús....

Sabe que el chantaje funciona con ellos, y más, si no pueden disfrutar de lo que el mercedes de Álex les ofrece. Su padre, presidente de unas de las empresas más fuertes en España, le había regalado hace un par de semanas aquel Mercedes para su disposición, tanto para salir con los amigos, como para ir a la universidad. A sus veinte años, Álex, ya había publicado una novela y estaba entre los mejores escritores de España. Miki y David terminan el partido y cogen sus cazadoras y salen de la casa de este último. Salen al rellano y esperan a que el ascensor estuviera en la planta. 

- Esta noche toca -suelta Miki
- ¿A quién esta vez? -pregunta David en su acento andaluz.
- A Marta...
- ¡A Marta! -no preguntan, solo afirman, los dos amigos.
- Sí, habéis oído bien, a Marta, ya es hora de probar cosas nuevas...
- ¿Qué pasa, que Guilia no te llena?
- ¿Qué si me llena? ¡Vaya que sí! Pero en el amor no sirve que te quedes con una, tienes que explorar otras opciones. Es como un entrenador de fútbol. Y por eso hay que saber qué ofertas tienes y cuál es la mejor.

Álex suspira al oír a su amigo comparar el amor con un entrenador de fútbol. Por más que lo intente no cambiará su idea, él ya encontró a la chica que le hace ser feliz, que se siente afortunado por tener a Rocío a su lado, y es que si no hubiera aparecido aquel día de Agosto, su vida sería ahora muy distinta a como lo es ahora. Salen a la calle. El Mercedes de Álex está a una calle de la casa de David. Se detienen en un semáforo. El propietario del coche mira el reloj. Las tres y media. No llegan. O si llegan, llegarán tarde, como siempre ocurre cuando sale con Miki y con David. ¿Cuándo aprenderán a ser puntuales? Tal vez nunca. Suben al coche y encienden la radio. En ese momento suena una canción de Henry Mendez. El Tiburón. Álex enciende el motor y se coloca el cinturón. Mira por el retrovisor, no viene ninguno, sale y llega al semáforo. 

- Bueno, Miki, y cuéntanos, ¿Cuales van a ser tus dotes de seducción con Marta? -pregunta David
- Lo primero es encontrar fácil a tu presa...
- Nunca pensé que una chica iba a ser tu presa...
- En estos casos sí... Una vez que has fijado tu punto de ataque, tienes que acercarte, mirarla a los ojos, decirle cuatro tonterías de varios autores que les chiflan, y cuando las cazas...¡Zaaas! Puedes susurrarles al oído... Técnica de origen casero....

David y Álex se ríen ante el comentario de Miki. 

- ¿Crees que llegará a funcionar ese, origen casero? -pregunta David
- Es infalible, nunca falla...
- Hasta que llegue el día en el que lo haga y cambiarás de estilo...
- Esto no es como la natación...
- Ah, yo pensé que sí

Los tres ríen. Son amigos, más que eso, hermanos de distinta sangre, pero a fin de cuentas, hermanos. Llegan hasta la carretera del polígono. Son menos cuarto. Les da tiempo. Y Álex que se empezaba a preocupar. Aparcan y se bajan del coche. Miki, David y Álex llegan a la planta de arriba. Son los primeros en llegar. ¿Y las chicas? Ahí llegan. El chico vigila a Miki, ve como empieza la caza. Y es que aunque le cueste admitirlo sabe que en el amor  sólo ganan los fuertes.