CAPÍTULO 1; Una película de cine

Caramelo de Pablo Alboran suena por el centro comercial. Era viernes, un viernes de Diciembre, en las puertas de las vacaciones de Navidad. Eran muchos los que aprovechaban para adquirir las últimas novedades en prendas de invierno. Abrigos, cazadoras, pantalones que les pudiera abrigar, cualquier cosa para combatir con el inminente frío que estaba asolando la ciudad y que seguiría asolando hasta el último día del invierno. Y no faltaban los grupos de adolescentes que iban en masa, bromeando, riendo, siendo cómplices de la adolescencia. Tres chicas, las tres muy diferentes entre sí, están en Stradivarius. Montones de ropa se amontonan en cada percha y en cada estantería del local. Ropa, zapatos, todo un sinfín de texturas para la piel, interior e exterior, según las etiqueta a oferta. Abandonan el establecimiento. Están cargadas con bolsas de diferentes comercios, Punto y Roma, Blanco, Zara, aquellas rebajas las estaban disfrutando. Las tres bromeaban, comentaban, disfrutaban de su tiempo libre, un tiempo libre bien aprovechado. María, bajita pero atlética, estaba comentando lo guapo que iban algunos adolescentes, Marta, la más divertida del grupo, colaboraba y daba su punto de vista a las opiniones que estaba haciendo María, la que era más tranquila, y no daba ninguna opinión era Rocío. Ella había encontrado a su chico. Hace ocho meses, en su cumpleaños... Álex. Ese joven escritor que había publicado una novela y que estaba dando sus primeros pasos. Sonríe. Le encanta. Suben a la segunda planta. Comerán algo antes de ir con los chicos al cine. La película escogida, El Club De Los Incomprendidos. La película basada en la novela de Blue Jeans, ¡Buenos Días Princesa! Deciden comer en el Ñam ñam. Cuando terminan de ser atendidas por una chica joven se sientan en una de las mesas más apartadas del pasillo central. Dejan las bolsas en una de las sillas libres y comentan el día, lo que harán a partir de ese día. 

- Estoy muerta... Me duelen los pies -comenta Rocío mientras se sienta 
- Pues ya somos dos -responde Marta recogiéndose el pelo en una coleta de caballo.
- ¡No aguantáis nada! No me sorprende que nadie os diga de salir si os cansáis a lo más mínimo -
- Eh, que mi novio no se queja -increpa Rocío bromeando

Marta, que esperaba el momento adecuado de que apareciera alguien que la quisiera, bebe un poco de su Coca-Cola. María empieza a comer mientras revisa su móvil. Ningún mensaje. Rocío, lentamente, va saboreando su trozo de Pizza Margarita. Durante un rato no hablan, solo disfrutan de la comida, mirando de aquí para allá, observando, viviendo el momento, como esa expresión que dice mucho su profesor de Latín, Carpe Diem. Puede que la vida sea eso, aprovecha el momento. Y es que muchas veces han decidido que quieren ser como Peter Pan, porque no quieren crecer, no quieren dejar de soñar. Rocío es la primera en acabar, Marta y María aún les quedan, siempre han sido lentas a la hora de las comidas. La chica mira el reloj. Las tres y diecisiete. A las cuatro han quedado con los chicos en la puerta del cine. 

- ¿Qué creéis que pensarán los chicos cuando vean la película? -pregunta Marta
- Pues no sé... Supongo que será otra de las muchas películas que hayan visto -responde Rocío -Lo de siempre, ven una película, sea cuál sea esta, y a los pocos días se les olvida de qué va, y el título de la película que han visto. 

Las tres comentan el comportamiento de algunos chicos, comparando, definiendo cuales son sus tipos y por qué. En ese momento, por uno de los altavoces del recinto comercial, reconocen las notas de Caricias En Tu Espalda de Despistaos. Es una versión diferente. Es una interpretación en Acústico. 

- Esta canción me encanta -afirma María
- ¿No es la que pusieron Blue y Ester en el programa de Mil Maneras De Tuitear Te Quiero
- ¡Es verdad! Ahora que lo dices, ¿No fue la canción que le dedicó aquel joven escritor de Cartagena a su novia?
- Sí, tienes razón... Cuando escuche esa dedicatoria me alegré un montón por aquella chica. Parejas como aquellas quedan pocas -admite Marta
- Lo malo es que a veces no se valoran los sentimientos -responde María invitando a la reflexión.
- ¿Por qué lo dices? -quieren saber Marta y Rocío a la vez.
- Bueno, a veces, hacemos todo lo posible para que ese chico esté con nosotras ¿No? -las dos amigas asienten con la cabeza -Bueno, pues llega un día en el que ya lo tenemos, incluso él nos dice que también nos quiere, pero cuidado, últimamente todo el mundo dice te quiero muy fácilmente, así que, si te mira a los ojos, y te dice, que te quiere, hay que valorarlo, porque a veces, pensamos que ellos van a estar ahí para siempre, van a estar levantándonos, sacándonos las sonrisas que necesitamos. Nos ven como si fuéramos la tía más buena de todo el universo, lo hacen todo por nosotras, y nosotras, a veces pasamos, o decimos que son pesados, y no nos damos cuenta de la suerte que tenemos porque ellos pueden estar con otras pero están con nosotras. Hay que saber valorar todo los detalles que nos hacen, chicas, si no, después lo lamentaremos más tarde como me ha pasado muchas veces a mí. 

Rocío y Marta reflexionan sobre lo que les había dicho María. La verdad es que tenía razón. Miran la hora. Las cuatro menos cuarto. Es hora de ir al encuentro de los chicos que estarán al venir. Cojen las bolsas. 

- ¿Y  por qué no las dejamos en la tienda de mi madre y después pasamos a por ellas? -propone María -está en la primera planta al lado de la Casa del libro
- Por mí bien -responde Marta 
- Por mí, también -responde Rocío

Las tres bajan a la primera planta por las escaleras mecánicas. Llegan a una pequeña tienda de maquillaje. Sólo hay dos empleadas, la madre de María que se acerca hasta ellas, y otra joven empleada que acaba de entrar. 

- ¿Qué tal la mañana? -pregunta Maca -¿Habéis comprado mucho?
- Bastante...Oye Mamá ¿Podrías guardarnos las bolsas? Después pasamos a por ellas antes de bajarnos a Cartagena a cenar...
- No te recojas muy tarde eh
- No mamá 
- Que os divirtáis
- Sí

Y salen hacia los cines del espacio mediterráneo para disfrutar de una sesión de película con los chicos. Y es que por mucho que lo intenten la vida no es como una película de cine, pues la realidad es la mejor película que pueda existir. Y esa tarde lo iban a comprobar